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lunes, 30 de marzo de 2015

Sagrado (Holy)

Hacía mucho tiempo que no escribía unos versos, y como me han picado con ello, he decidido probar a ver si todavía sabía hacer algo parecido a una poesía. Y la verdad es que me ha gustado volver a ello, ver que a falta de preciosidad estática, aún fluyen con naturalidad mis pensamientos hacia el papel. Ver que aún puedo seguir hablando de todo y de nada con mis propios códigos, poner un candado a mis pensamientos para compartirlos. Jugar con las palabras y dejar la duda de si dicen algo o son puro artificio. Nadie lo sabe, ni yo mismo. Es lo sagrado de seguir vivo.


SAGRADO
Cae la noche sobre los párpados,
sueña la vida con ese instante,
en el que no existan manos,
para frenar tus labios en silencio.

Es tan sencillo jugar con palabras,
como si las yemas de los dedos
pudieran recrear la magia
que se desprende de dos cuerpos.

Cabello azabache al viento,
rodeando la piel que habito,
como si todavía mis huesos
fueran de algo descanso y refugio.

Lo sagrado de seguir vivos,
mirando el futuro de frente,
con nada aún escrito,
pero todo pintado en el aire.

Morir en el reflejo de unos ojos
y vivir en una sola sonrisa,
descifrando un gesto inocente.
Matando y muriendo sin prisa.

Inspirando, expirando.

Y todo tan inerte, como la vida. 



viernes, 27 de marzo de 2015

Erizame la piel

Tú no me conoces. Y yo tampoco a ti. O quizá sí y aún no sabemos ninguno de los dos lo cerca que estamos de cambiar nuestra forma de mirarnos. Dentro de poco estaremos compartiendo piel, la distancia entre nuestros cuerpos no se podrá medir en centímetros y lo curioso es que en el momento que yo escribo esto, y en el que nadie puede intuir lo que estarás haciendo tu, no estamos ni cerca de imaginarlo. No te voy a engañar, me gustaría que el espacio no solo se desdibujara en nuestros cuerpos, también que lo hicieran nuestras almas por un instante fugaz que guardemos para siempre; pero sé que no es lo más común en este mundo en el que nos ha tocado interpretar nuestro papel en la vida, lo normal será dejar a un lado los 21 gramos más importantes del cuerpo y centrarnos en el resto. Probablemente muramos momentáneamente una noche para seguir viviendo mañana como absolutos desconocidos que convirtieron el deseo físico en sudor, intimidad construida en horas y una mezcla de locura y pasión. Y acepto el pacto. Este acuerdo tácito se sella sin palabras, el lacre son los labios unidos y el silencio que provoca la ausencia de preguntas.

Es difícil escribirte esto sin saber como se dibujará tu cara cuando te haga reír o cuando surque tu rostro una mueca de disgusto; no sé si se crearan hoyuelos en tus pómulos o si dispondrás para mi una sonrisa traviesa. Ni siquiera sé si habrá lugar a ello. Como decía, lo más seguro es que mañana seamos un recuerdo borroso de una noche, o un día, de la que ninguno recordemos la fecha. Y aún así no puedo dejar de anhelarte, de pensar en curar mis heridas lamiendo tu piel y de sentir mis dedos interpretando la partitura que tu cuerpo dibuje.

Ya que en este pacto no hay preguntas, quizá sea también muy pronto para andar con peticiones, pero aprovechando este momento de intimidad entre tu y yo antes de conocernos, y ahora que aún no tienes ni rostro ni nombre para mi, me veo capaz de hablarte con sinceridad y de rogarte que seas delicada conmigo. Házmelo suave, aún estoy sensible. Las heridas dejan de sangrar pero tardan más en cicatrizar. Y este es del tipo de heridas que abren unos labios y no los golpes; pero que quizá también sanen los tuyos. He estado en la lona con la toalla resbalando por mis dedos a centímetros del suelo, oyendo la cuenta atrás del árbitro siendo incapaz de reaccionar. Pero al fin lo he hecho, ha sido una suerte pelear en casa y tener al público volcando la casa de apuestas a mi favor. Jaleando para que no abandonase la pelea, para que mis piernas dejasen de temblar y los músculos de mis brazos se tensasen para devolver los golpes a la vida. Y gracias a ellos, ahora puedo mirarte a los ojos, absorbiendote en los míos y dejando que los tuyos jueguen a provocarme de soslayo y se escondan en miradas al vacío, esperando que yo les encuentre.

A cambio poco puedo ofrecer. Como cantaba Marea soy lo que ves: mi sonrisa gris, mis ojitos tristes, intentando despegar del suelo.  Pero aunque no sea más, te lo presto por una noche, o hasta que decidamos romper este contrato. Te prometo que usaré mis palabras como pintura y mi lengua como brocha para crear la variedad de colores que permita pintar la mayor de las sonrisas en tu cara; que cuando estés desnuda mis ojos te hilarán con fruición el vestido que mejor te queda: el de mujer. Que mis manos escribirán en tu piel los versos que seguro la vida te debe y que si lo deseas dejaré que tu piel me abrigue en este invierno tan largo.

Si estás de acuerdo; búscame, yo te estaré buscando. Y no preguntes, besame esta noche y haz que se erice de nuevo mi piel.



viernes, 20 de marzo de 2015

La Parada



Recuerdo la primera vez que entré allí: era un día soleado del mejor verano de mi vida. No hace tanto de ello, aunque ahora parezcan siglos. Habíamos decidido cambiar los cubos y bancos de Fuentes Blancas por ese bar del que tan bien nos había hablado un amigo común. No suele ser positivo. Como cualquier aspecto del que se vierten frecuentes alabanzas, las altas expectativas pueden no cumplirse y decepcionar al que las recibió. Doy fe que no ha sido el caso.

Tras salir de trabajar pedimos un par de tercios y nos sentamos en el bordillo a disfrutar del dorado líquido ante la implacabilidad del sol. Eramos nuevos en un ecosistema que parecía funcionar por sí mismo, con todo el mundo saludándose y compartiendo sonrisa, diversos grupos interactuando dentro y fuera de la barra, como cantaba Platero y Tú. Eramos extraños allí, aunque nadie nos trataba como tal, como cuando vas a la plaza de un pueblo y los habitantes del mismo husmean si eres el hijo de la Antonia o si simplemente eres un forastero de paso.

De paso estábamos nosotros, o eso creíamos, porque poco a poco fuimos descubriendo la magia que desprende ese lugar y las personas que lo frecuentan. Y antes de darnos cuenta, ya eramos parte del propio ecosistema; un ecosistema cercano, noble y familiar. El tener un bar de referencia no es una práctica extraña en este país de piel de toro, tan maltratado como irónicamente lo es el mismo animal en la supuesta fiesta nacional. Un lugar donde ahogar las penas de ese maltrato, donde reunirse con amigos y desconectar de los problemas diarios. Unas cervezas, un futbolin, un subastado o simplemente una charla; pero desconectar y vivir. Algo muy de aquí.

Yo siempre he querido tener un lugar así cerca de mi casa, quizá por la influencia de verlo reflejado en tantos libros leídos, aunque ahora solo se me ocurre el café Condé que describía el último premio Nobel de Literatura, Patrick Modiano, en su obra El café de la juventud perdida . Alguien pudiera pensar que dicho título es idóneo para estos lugares, pero para mi estaría equivocado: no representa pérdida, solo ganancia. Un lugar donde acudir sin necesidad de quedar con nadie, lugar de confianza en el que sentirse como en casa cuando no quieres estar en casa, donde pasar los domingos planos o las curvas de a diario, días en el que el trabajo te agrieta la cara y a veces también el alma.

Para mi La Parada es el latido de un barrio obrero y vivo; una vez cruzas la puerta los problemas quedan del lado de la calle, al menos hasta que tu quieras sacarlos a flote. En el corazón del Capiscol más antiguo es además el corazón del Capiscol más joven, pero también el no tan joven. Y si se ha convertido en eso no es por el local, que no es más que un rectángulo de baldosas como el de cualquier otro bar, con la misma decoración y las mismas botellas que los centenares de bares que te puedes encontrar en cualquier ciudad. Lo importante nunca es lo material, son las personas; que son las que dotan de verdadera esencia y valor a un establecimiento de cara al público. Si representa ese latido de un barrio vivo es porque Caty (con la ayuda del resto de la familia, a cada cual mejor) se ha encargado de que así sea: de acoger a todo el mundo con una sonrisa, de brindar confianza e incluso consejo, de insuflar alegría y energía en el día a día. Muchas veces se dice que los camareros son además psicólogos; quizá lo sean, pero me conformaría con decir que a veces son simplemente apoyo, conversación, una sonrisa y paciencia. Y así es como La Parada se ha ido adhiriendo poco a poco a mi piel, llegando más adentro. 

Si a ello se le une el haber conocido en ese entorno a un excelente grupo de personas, resulta fácil saber porque cuesta marchar de allí. Yo tengo mi círculo de amigos de toda la vida, tanto de Burgos como de La Revilla, que siempre serán mis hermanos y hermanas de otra sangre; pero allí he encontrado otro círculo al que asirme y en el que rodar junto a ellos. Para mi son mis chicos del barrio, como en la película de John Singleton de principio de los 90. Hoy en día Capiscol no es un barrio conflictivo, pero todos nosotros también tenemos que abrirnos camino en la vida, como los tres protagonistas del filme, ante las dificultades que estamos atravesando actualmente y los golpes que la vida nos tiene preparados en el futuro. Ni ellos mismos son conscientes de lo que me han ayudado estos meses simplemente estando ahí para compartir cada día una carcajada, una cerveza y una partida. Espero tener la oportunidad de devolver algún día todo lo que estoy recibiendo.

Las decenas de horas jugando al futbolin, los centenares de rondas que hemos pedido, los miles de errores jugando al subastado que poco a poco corregiremos...no son la juventud perdida, no. Son lo que a mi me ha atado más fuerte a la vida.


martes, 17 de marzo de 2015

Los poetas y tú

Aquí vengo a actualizar una vez más el blog con una poesía porque tengo pendiente escribir una entrada sobre La Parada y otra relacionada con el fútbol sala; por extrañas que parezcan ambas en un blog de este tipo, pero es lo que me surge ahora de dentro. Eso sí, necesito encontrar tiempo; como decía en mi anterior entrada necesito echar el freno de mano. Y como bien decía un usuario anónimo necesito empezar a dejar de recordar y de relacionar todo; necesito empezar a pensar en presente y futuro. Pero mientras esto llega, dejo unos pequeños versos que me parecen adecuados para este momento.

Mi teoría es que los mejores poemas surgen del dolor interno provocado por diversas causas, no solo amor, y es una especie de regusto el que te deja el poder plasmarlo en versos. A veces hasta nosotros mismos sentimos una especie de querencia por la desesperanza, la tristeza, la melancolía...lo cual hace más complicado salir de ella. Una forma de desangrarnos y ver con cierta complacencia como parte de esa sangre va cayendo y derramándose, como vamos perdiendo días abandonados a nuestro dolor, autocompadeciéndonos.

 Pero nadie nos devolverá esos días; cada día perdido en abandonarte a tu tristeza es un día que no solo perderás tú, también todos los tuyos de disfrutar de tu presencia. Mas el reverso de la moneda es equivalente: abandonarse al desenfreno continuamente también puede conducirte a perder. 

Meditaré más sobre ello, falta hace. Pero de momento se quedan con...


 LOS POETAS Y TÚ

Los poetas nunca fuimos bellos, 
somos invisibles, 
no existimos para nadie.

Brotamos de los corazones de la gente 
y escribimos,con su sangre, nuestra muerte. 

El marchitar de nuestros labios hervientes 
el vagar de puños en océanos de guerra. 
Amar sin correspondencia, 
esa es nuestra condena. 

¿A quién le importan ya mis poemas? 
Si solo son mis brazos en alto, 
una espina que me desangra, 
el regreso a mis llantos.

Simples desmanes de brea y asfalto. 

¿A qué musa dedicaré mi tortura 
ahora que iluminas otros poetas? 
A ti y solo a ti, 
mis poesías exentas de aventura,
sombras de mi vida y mi muerte 

¿Por qué no nos dedicamos a la ternura, 
olvidando nuestras antiguas palabras inertes? 

lunes, 9 de marzo de 2015

Lo que necesito

A veces la vida te golpea y deshace todos los esquemas construidos con el cuidado de un orfebre a lo largo de los años. Son golpes de los que solo te puedes cubrir como un púgil aguantando por no caer a la lona. En ocasiones ni siquiera reaccionas, dejas que el tiempo pase porque no tienes claro hacia donde ir, el timón está roto y el barco gira sobre sí mismo en medio de la tempestad. Es un poco lo que me pasa, sé que tengo a gente preocupada por mi deriva, a veces incluso yo mismo, pero creo que estoy bien, simplemente no sé donde está el freno de mano en esta nueva vida para dejar de girar y enderezar el rumbo. Realmente es que no sé ni cual es ese rumbo. Y quiero encontrarlo pero me da miedo enfrentarme a mi mismo y a esta nueva obra que estoy viendo pasar como un espectador ajeno sin capacidad de decidir en ella. Aún estoy esperando el libreto para aprenderme mis diálogos y de momento voy improvisando.

Llevo pensando en esta entrada tiempo pero nunca encuentro tiempo para hacerla, de hecho ya no encuentro tiempo para nada, y después de mucho meditarla, la verdad es que ni siquiera sé lo que quiero poner. Justo igual que en mi vida, improvisaré. Porque creo que el freno de mano está justo después de desentrañar lo que realmente quiero o necesito, pero no es tan sencillo. Nada es tan sencillo, quizá eso sea parte de lo que merezca la pena de vivir. 

Puede ser que necesite irme a vivir a Madrid pero también estar cerca de mi gente ahora que he encontrado mi lugar en el barrio. Quizá emborracharme un domingo y quedarme leyendo un buen libro un sábado por la noche. Recorrer las calles cualquier noche con rap a todo volumen en mis cascos y pararme en el parque antes de regresar simplemente para escuchar el latido de mi corazón en el silencio de la noche, cuando la gente vela sus sueños y tu tratas de rehacer los tuyos.

Cuidar más mi vestuario y desnudarme por dentro. Conocer más personas y menos gente y dejar que las personas me conozcan. Cuidar más a mis amigos. Quitarme la careta y dejar que las lágrimas caigan. Reír hasta el amanecer brindando por la vida y recoger por la mañana los cascos rotos. 

Salir de la rueda del sistema y perseguir mis sueños. Que mis sueños me alcancen y correr más rápido que mis pesadillas. Reaccionar por una vez y tomar decisiones. Equivocarme, caer, levantarme y volver a tomarlas sin miedo a caer. Aprender, amar de nuevo, leer más. Hacer otra carrera, ¿por qué no? O un master. O mejor empezar a estudiar más de la vida y menos de los libros.

Tatuarme la piel y limpiar la tinta negra de mi corazón. Reconstruir mis huesos y dejar que otra piel les cubra. Salir de esta burbuja de protección y pelearme con la realidad. Comenzar de nuevo a correr y aprender a ir más despacio a diario para apreciar las cosas. 

Volver a escribir poesía y que un verso suelto me taladre por dentro hasta encontrarle acomodo. Dejar de ser un verso suelto y encontrar yo mismo acomodo. Besar otros labios, sentir la pasión de una noche y la ilusión de una vida. Atar a caricias para desatar mi corazón de nuevo. 

Quiero y necesito muchas cosas, sobre todo a ti, pero en esta entrada solo quería hablar de las que están al alcance de mi mano. Estoy tratando de vivir sin hacerme daño.